En México, se ha producido un cambio significativo en la terminología utilizada para describir la actividad criminal que antes se conocía como narcotráfico. En la actualidad, se prefiere el término «crimen organizado» debido a la expansión y diversificación de sus operaciones.
Este fenómeno se debe en gran parte a que el crimen organizado ha extendido su influencia a una variedad de negocios legítimos, lo que ha generado graves consecuencias para la sociedad mexicana. Además de las actividades ilícitas tradicionales, como el tráfico de drogas, el crimen organizado también se ha involucrado en la trata de personas y ha encontrado formas ingeniosas de operar dentro de negocios legales.
En un giro inquietante, el crimen organizado ha infiltrado industrias aparentemente legítimas, como el sector del transporte. Controla redes de taxis y autobuses, utilizándolos tanto para actividades ilegales como para el transporte de mercancías ilícitas. Además, incluso ha incursionado en la distribución de productos básicos, como el limón, estableciendo un control insidioso sobre la economía local.
Este cambio en la terminología refleja la necesidad de comprender la complejidad de las actividades del crimen organizado en México y las múltiples dimensiones de su impacto en la sociedad y la economía. Es esencial que las autoridades y la sociedad en su conjunto estén alerta y tomen medidas para combatir eficazmente este fenómeno en constante evolución.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), en el 2022, 27.4% de los hogares de México respondieron que por lo menos uno de sus integrantes fue víctima de un crimen.
Vía El País








