La propagación de la llamada viruela blanca y otras enfermedades bacterianas a lo largo de aproximadamente 30 kilómetros del arrecife entre Puerto Morelos y Punta Nizuc estaría relacionada con el vertido de aguas residuales sin tratamiento adecuado, advirtieron especialistas y personal de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas(Conanp).
De acuerdo con los estudios, el deterioro acelerado del ecosistema arrecifal dentro del Parque Nacional Costa Occidental de Isla Mujeres, Punta Cancún y Punta Nizuc se asocia a la disminución en la calidad del agua, derivada de descargas contaminadas que aportan nutrientes y microorganismos capaces de detonar infecciones en los corales.
Bacteria de origen humano, principal señal de contaminación
Entre los padecimientos detectados destaca la white pox disease o viruela blanca, vinculada con la bacteria Serratia marcescens, un microorganismo presente en el sistema digestivo humano. Su hallazgo en el ambiente marino confirma la presencia de contaminación por aguas negras.
La enfermedad afecta principalmente al coral cuerno de alce (Acropora palmata), especie clave en la formación de arrecifes. Produce lesiones blancas irregulares que dejan expuesto el esqueleto calcáreo, reduciendo su capacidad de crecimiento y recuperación.
Riesgo para el Sistema Arrecifal Mesoamericano
La zona impactada forma parte del Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera coralina más extensa del planeta, de la cual cerca de 300 kilómetros corresponden a México.
El avance de la viruela blanca ocurre además en un contexto marcado por el Síndrome Blanco, uno de los eventos más destructivos para los arrecifes desde su aparición en el país en 2018. Factores como el aumento de la temperatura del mar, la presión turística y la degradación del agua han debilitado las colonias coralinas en el Caribe mexicano, facilitando nuevos brotes infecciosos.
En otras regiones del Caribe, como los Cayos de Florida, esta misma bacteria provocó la pérdida de hasta 88% del coral cuerno de alce, escenario que mantiene en alerta a la comunidad científica ante un posible impacto similar en las costas de Quintana Roo.
Especialistas advierten que el deterioro del arrecife no solo representa una pérdida ambiental significativa, sino también riesgos económicos y de protección costera, ya que estas estructuras naturales funcionan como barrera ante el oleaje y sostienen buena parte de la actividad turística del litoral.








