Paredes deterioradas, escombros esparcidos, celdas sin inodoros y puertas oxidadas: así se encuentra hoy Alcatraz, la mítica prisión en la bahía de San Franciscoque en el pasado albergó a criminales legendarios como Al Capone y que volvió a ser noticia tras la orden del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de reabrir sus instalaciones para encerrar “a los delincuentes más despiadados y violentos” del país.
Alcatraz “resultaba tres veces más cara diariamente que cualquier otra prisión en EE.U.”, dice uno de sus guías a un grupo de turistas que acudió esta semana al recinto. Esa fue una de las principales razones por la que el penal quedó en desuso en 1963, tan solo tres décadas después de su apertura.
El 4 de mayo Trump dijo en su red, Truth Social, que había dado instrucciones a la Oficina de Prisiones (BOP), junto con el Departamento de Justicia, el FBI y Seguridad Nacional, para reabrir esa cárcel que ha quedado inmortalizada como un icono cultural gracias a las leyendas en torno a sus reos y películas de Hollywood.
Su aviso no incluyó un cronograma ni estimaciones de costos y el plan aún necesita la aprobación del Congreso para recibir financiación, pero la iniciativa ya ha desatado reacciones negativas.
Entre ellas la del gobernador de California, el demócrata Gavin Newsom, quien en su podcast acusó a Trump de intentar desviar la atención de la crisis económica generada por sus políticas arancelarias con un proyecto que “no va a ningún lado”.
También la del senador de California Scott Wiener, quien en una entrevista radiofónica calificó la propuesta de “ridícula”, argumentando que el proyecto sería “increíblemente caro” y cuestionando quiénes serían los recluidos en un lugar históricamente vinculado a condiciones extremadamente duras y a un enfoque punitivo, más que rehabilitador.
Además, la orden de Trump agrava la presión sobre la BOP, que de acuerdo con medios locales ya está lidiando con problemas de infraestructura y falta de personal, a lo que se suma la exigencia de albergar a miles de migrantes detenidos como parte de la política de deportaciones masivas impulsada por su Administración.
“Ya no seremos rehenes de criminales, matones y jueces que tienen miedo de hacer su trabajo y permitirnos expulsar a criminales que entraron ilegalmente en nuestro país. La reapertura de ALCATRAZ servirá como símbolo de Ley, Orden y JUSTICIA”, expresó el mandatario el pasado domingo.
La prisión, que no ha albergado reos en más de 60 años, se ha convertido en uno de los principales atractivos turísticos de San Francisco y está gestionado por el Servicio de Parques Nacionales, que cobra entre unos 30 y 50 dólares la entrada.
Anualmente recibe a más de 1,4 millones de visitantes gracias a sus impactantes vistas al Golden Gate, su mítica historia de fuga de dos prisioneros y la presencia de criminales célebres como Al Capone, quien sufrió un marcado deterioro de su salud mental por las duras condiciones del lugar.








