Netflix relate los crímenes y abusos a menores atribuidos al multimillonario neoyorquino

Los realizadores de la serie, que ya estaba en producción antes del arresto y muerte del financiero, tuvieron que seguir las más estrictas medidas de seguridad para evitar que hackers robaran el material

«No te acuerdas de mí porque había miles como yo, pero yo me acordaré de ti el resto de mi vida».

Esas son las palabras que Michelle Licata le hubiera querido decir a Jeffrey Epstein a la cara.

Pero no tuvo tiempo.

El financiero neoyorquino se suicidó en agosto de 2019 en la celda en la que estaba a espera de juicio por cargos de tráfico sexual y conspiración.

Licata es una de las mujeres que participan en Jeffrey Epstein: Filthy Rich («Jeffrey Epstein: asquerosamente rico»), una serie documental de Netflix estrenada hace una semana y que se encuentra ya entre los programas más vistos de la plataforma de contenido.

La serie de cuatro episodios dirigida por Lisa Bryant presenta un minucioso recuento de las acusaciones contra Epstein donde las presuntas víctimas son las protagonistas y se pone de manifiesto la red de poder y dinero que lo protegió durante décadas.

Advertencia: algunos de los hechos descritos en esta nota pueden herir tu sensibilidad.

Jóvenes vulnerables

«Había tantas cosas que decir que nunca se dirán… No hay justicia en esto», dice en el último episodio Shawna Rivera, una de las mujeres que denuncia haber sido víctima de abusos por parte de Epstein cuando tenía 14 años.

La infancia de Rivera no fue fácil. Su madre era drogadicta y su padre entró en la cárcel cuando ella tenía entre 3 años y salió cuando tenía 10.

«Mi papá tenía una novia que tenía sus propios hijos, unos niños que claramente habían sido abusados antes. Poco después de mi 12 cumpleaños, mi papá y su novia le dieron una paliza al hijo de ella de 8 años y lo mataron. Delante de mí», relata.

Rivera se escapó de casa y pasó dos años en refugios y hogares temporales hasta que su abuela consiguió la custodia. Justo entonces fue cuando conoció a Epstein.

La joven cuenta que una amiga le pidió que la acompañara a casa de un hombre, en Palm Beach, apenas cruzando un puente desde West Palm Beach, donde vivían ellas.

La diferencia entre ambas localidades de Florida es abismal. Palm Beach es uno de los lugares más lujosos de Estados Unidos, donde abundan las mansiones, los yates, con extrema seguridad y privacidad.

West Palm Beach es una ciudad más modesta, con algunos barrios de clase media-baja de donde procedían muchas de las chicas que visitaron la mansión de Epstein.

Un patrón identificable

El testimonio de Rivera sobre lo que sucedió al llegar a la lujosa vivienda es muy similar al de tantas otras jóvenes que aparecen por primera vez ante las cámaras y que cuentan cómo el financiero les pagaba US$200 por un masaje de unos 45 minutos.

Según casi todos los relatos, el masaje derivaba en actos sexuales: en algunos casos, Epstein se masturbaba pero no tocaba a las chicas; en otros, hay denuncias de violación.

Varias de las jóvenes explican que eran recibidas en la casa por Ghislaine Maxwell, expareja de Epstein a la que prácticamente todas las denunciantes apuntan como co-conspiradora e incluso a veces como partícipe de los abusos.

Maxwell, hija del fallecido magnate de los medios británico Robert Maxwell, niega cualquier participación o conocimiento de los hechos que se le imputan al financiero.

Epstein reconoció haber mantenido relaciones sexuales en su mansión, pero siempre alegó que las mujeres acudían por propia iniciativa y dijo no saber que eran menores de edad.

Las chicas que de alguna forma entraron en contacto con Epstein, ya fuera en su casa de Palm Beach o en otras circunstancias, admiten que al menos el primer encuentro fue por propia voluntad.

No ocultan que el dinero sirvió como un gran incentivo, simplemente para poder pagar sus gastos o para ahorrar lo suficiente para cambiar de vida. Epstein se ofreció incluso a pagarles a algunas los estudios, según ellas.

La psicóloga Kathryn Stamoulis, especializada en víctimas de trauma sexual, dice en la serie que el patrón seguido por Epstein encaja perfectamente en la figura del depredador sexual.

«El depredador necesita detectar una víctima vulnerable, con problemas de dinero o un trauma sexual, alguien que esté necesitado de algo», señala.

Esquema piramidal

Quien haya seguido el caso de Jeffrey Epstein probablemente conozca varias de las historias que aparecen en la serie documental, especialmente la de Virginia Giuffre.

Giuffre adquirió gran presencia mediática al denunciar que fue forzada a tener relaciones sexuales con el príncipe Andrés de Inglaterra, algo que él niega.

Lo que quizá sea menos conocido es el papel que jugaron algunas de las jóvenes, que de alguna forma se convirtieron en cómplices al conseguir nuevas chicas para Epstein.

Es el caso de Haley Robson o Courtney Wild, quienes de forma franca reconocen haber reclutado a decenas de jóvenes cuando ellas mismas eran también adolescentes.

Ambas hablan de los sentimientos de culpa y vergüenza que las acompañan desde entonces y aportan detalles que ayudan a comprender cómo el sistema utilizado por Epstein era en realidad una suerte de esquema piramidal de sexo con menores.

Exhaustiva investigación

Los testimonios de las mujeres se complementan en la serie con el relato de los investigadores y abogados involucrados en los casos abiertos contra Epstein.

Michael Reiter, que fuera jefe de policía de Palm Beach entre 2001 y 2009, explica cómo las primeras denuncias de posibles irregularidades llegaron a su departamento en 2005.

Reiter cuenta el detalle de cómo su equipo fue construyendo un caso cada vez más sólido con las declaraciones de decenas de jóvenes dispuestas a testificar contra el poderoso magnate.

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