La plaga del gusano barrenador acecha a los humanos

Tras varias décadas a raya, la enfermedad de miasis por el gusano barrenador está “descontrolada” en el ganado de América Central, con centenares de reportes de trasmisión a humanos, incluido personas que han viajado a países afectados, como un ciudadano de Estados Unidos.

EFE entrevistó a científicos expertos en parásitos y salud global para conocer las claves de esta enfermedad, que más allá de la ganadería industrial, está “muy ligada a la falta de higiene y a la pobreza”, subraya Rodrigo Morchón, profesor de parasitología de la Universidad española de Salamanca.

¿Qué es el gusano barrenador?

Cochliomyia hominivorax, conocida como gusano barrenador del ganado o del Nuevo Mundo (por su procedencia), “es una mosca que parasita animales de sangre caliente incluyendo a los humanos. Sus larvas se alimentan de la piel y de los tejidos de su hospedador provocando una enfermedad conocida como miasis“, explica Consuelo Giménez, investigadora de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid).

Las moscas suelen ponen los huevos en heridas ya existentes en el cuerpo de animales y humanos, o depositarlos en las mucosas de orificios corporales como la nariz, la boca o el oído.

“Las moscas hembras son atraídas por el olor que desprenden las heridas y en los bordes de estas ponen una media de 343 huevos de los que emergen las larvas entre 12 y 24 horas después, e inmediatamente comienzan a alimentarse del tejido” de la ‘víctima’, añade Giménez.

Aunque la miasis es más común en animales, sobre todo en vacas, también puede afectar a los humanos.

Síntomas de la miasis

Los síntomas en animales suelen incluir comportamiento irritable o deprimido, pérdida de apetito, sacudir la cabeza, desprender olor a descomposición o presencia de larvas de mosca en las heridas u orificios. En los humanos incluyen fiebre, dolor en la zona afectada, supuración y presencia de larvas visibles en la herida.

Aunque la infestación sea leve, depende de en qué parte del cuerpo se dé puede dar lugar a afecciones secundarias graves, como septicemia, especialmente en crías -si se trata de animales- y en niños, ancianos o enfermos -en el caso de las personas-, llegando a provocar la muerte.

En tanto que no hay medicamentos para tratar la infección, la prevención y la extracción rápida de las larvas y el limpiado de la herida son clave.

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