La mayoría de los escoltas y guardaespaldas que protegían a Nicolás Maduro fueron «asesinados a sangre fría» por los militares estadounidenses que capturaron al gobernante venezolano y a su esposa, Cilia Flores, en la madrugada del sábado.
La denuncia la formuló el ministro de Defensa, general en jefe Vladimir Padrino López, quien este domingo leyó un comunicado en el cual exigió a Washington la «inmediata» liberación de la pareja.
«La Fuerza Armada Nacional Bolivariana rechaza contundentemente el cobarde secuestro del ciudadano Nicolás Maduro Moros, presidente constitucional de la República, nuestro comandante en jefe, y de su señora esposa (…) hecho perpetrado ayer, sábado 3 de enero, luego de que se asesinara a sangre fría a gran parte de su equipo de seguridad: soldados, soldadas y ciudadanos inocentes», agregó el uniformado en una alocución transmitida obligatoriamente por todas las televisoras y emisoras de radio nacionales.
Sin embargo, Padrino López no ofreció ninguna cifra de fallecidos ni heridos por los bombardeos lanzados por Estados Unidos en contra de instalaciones militares y gubernamentales venezolanas en Caracas y en al menos tres estados del país.
Más de 24 horas después de ocurridos los ataques, sin precedentes en las últimas décadas en América Latina, ninguna autoridad ha presentado un balance sobre los afectados y los daños materiales que dejaron los sucesos.
No obstante, medios locales reportaban este sábado al menos 25 fallecidos, 15 de los cuales pertenecerían al Batallón de Seguridad Presidencial número 6, unidad encargada del resguardo del mandatario venezolano y de su familia, según informó el diario caraqueño Tal Cual.
El diario estadounidense The New York Times, por su parte, señaló que la cifra de víctimas ascendía a 80, citando a funcionarios venezolanos que pidieron no identificarse.
BBC Mundo intentó, sin éxito, obtener información por parte del Ministerio Público y otros organismos gubernamentales.
«Nosotros les sumbamos»
La cadena Telesur, financiada por el gobierno venezolano, logró conversar con algunos de los militares que resultaron lesionados durante los ataques y la extracción de Maduro y su esposa.
«Ellos querían estacionarse (con su helicóptero) y por eso les sumbamos (disparamos)», relató el sargento Francisco Machillanda.
«Si no lo hacíamos, nos toman la unidad», agregó el uniformado, quien forma parte del Batallón Rivas, uno de los grupos de vehículos blindados que el ejército venezolano tiene en Fuerte Tiuna, la mayor base militar de Caracas y el blanco principal de los ataques de las fuerzas de EE.UU.
«Estoy orgulloso de defender a la patria», remató.
Por su parte, el sargento mayor de tercera Ricardo Salazar aseguró que intentó derribar uno de los helicópteros estadounidenses que atacó la base aérea de La Carlota, al este de Caracas, pero no pudo activar su lanzacohetes porque un misil impactó cerca de él y lo lanzó por los aires.
«Un sargento que quedó consciente nos sacó, porque quedamos inconscientes», declaró el uniformado a Telesur desde la cama del hospital, donde se recupera de una herida en la pierna.
«Cuando me pude levantar, ya todo estaba desmoronado», dijo.
Organizaciones como la Red de Médicos en Venezuela habían contabilizado 90 heridos, hasta la tarde del sábado, solamentre en la capital venezolana.








