Grúas y palas mecánicas trabajaban en las ruinas de los edificios devastados en Mamuju, la ciudad más afectada por el terremoto de magnitud 6,2 ocurrido la madrugada del viernes.
El temblor sembró el pánico entre las poblaciones del oeste de la isla, que ya fue devastada en 2018 por un violento sismo seguido de un tsunami que causó 4.300 muertos.
Desde hace dos días, decenas de cuerpos sin vida son extraídos de entre los escombros de los edificios en Mamuju, la capital provincial, de 110.000 habitantes, donde un hospital y un centro comercial se derrumbaron.
Se hallaron también otras víctimas más al sur, después de que se produjera una fuerte réplica el sábado por la mañana.
“Las lluvias provocan dificultades adicionales porque pueden hacer que algunos edificios dañados se derrumben por completo, y también las réplicas”, dijo Octavianto, un socorrista de 37 años que, como muchos indonesios solo tiene un nombre.
“Todos las personas que encontramos estaban muertas”, dijo Octavianto. “Después de más de 24 horas, es probable que las personas sepultadas estén muertas.”
En total se registraron 81 muertes, según las autoridades. El balance anterior era de 77.








