La única guerra que está ganando occidente es la guerra comunicacional | Opinión Noam Chomsky

La propaganda de guerra ha sido un arma poderosa por mucho tiempo, sospecho que desde que tenemos registro histórico. Y a menudo un arma con consecuencias a largo plazo, que requieren atención y análisis.

«Para no ir lejos, en tiempos modernos, en 1898, el barco de guerra estadunidense Maine se hundió en el puerto de La Habana, por una explosión interna. La prensa del magnate Randolph Hearst logró crear una ola de histeria popular sobre la naturaleza maligna de España, que dio el sustento necesario a una invasión a la que en EEUU se conoce como ‘la liberación de Cuba’. O, como debería llamarse, la prevención de la autoliberación de Cuba, que convirtió a la isla en una colonia estadunidense. Así permaneció hasta 1959, cuando Cuba fue realmente liberada, y EEUU, casi de inmediato, emprendió una perversa campaña de terror y sanciones para poner fin al ‘victorioso desafío’ cubano a los 150 años de dominio estadunidense sobre el hemisferio, como explicó el Departamento de Estado hace medio siglo.

«En 1916, Woodrow Wilson fue electo presidente con el lema ‘Paz sin Victoria’, que pronto se convirtió en Victoria sin Paz. Una oleada de mitos de guerra convirtió rápidamente a una población pacifista en una consumida de odio por todo lo alemán. La propaganda emanó primero del ministerio británico de información; sabemos lo que eso significa. Intelectuales estadunidenses del círculo liberal de John Dewey la sorbieron con entusiasmo y se declararon líderes de la campaña para liberar al mundo. Por primera vez en la historia, explicaron con sobriedad, la guerra no fue iniciada por élites militares o políticas, sino por los considerados intelectuales -ellos- que habían estudiado cuidadosamente la situación y después decidido racionalmente el curso correcto de acción: entrar en la guerra, llevar «libertad» al mundo y poner fin a las atrocidades alemanas, inventadas por el ministerio británico.

«Una consecuencia de las muy efectivas campañas de odio a Alemania fue la imposición de una paz del vencedor, con un duro trato a la derrotada Alemania. Algunos objetaron eso con firmeza, entre ellos John Maynard Keynes. No les hicieron caso. El resultado fue Hitler.

«En una entrevista previa vimos cómo el embajador Chas Freeman comparó el acuerdo de posguerra de odio a Alemania con el triunfo de estadistas que no eran buenas personas: el Congreso de Viena de 1815. El Congreso buscó establecer un orden europeo después de que el intento napoleónico de conquistar Europa había sido derrotado. Con buen juicio, el Congreso incluyó a la derrotada Francia. Eso condujo a un siglo de relativa paz en Europa. Hay ciertas lecciones.

«Para no quedarse atrás de los británicos, el presidente Wilson estableció su propia agencia de propaganda, el Comité de Información Pública (Comisión Creel), que prestó sus propios servicios.

«Estos ejercicios tuvieron también un efecto a largo plazo. Entre los miembros de la Comisión estaban Walter Lippmann, que llegó a ser el intelectual público norteamericano más destacado del siglo XX, y Edward Bernays, que fue uno de los fundadores de la moderna industria de relaciones públicas, la mayor agencia propagandística del mundo, dedicada a socavar mercados al crear consumidores desinformados que tomaban decisiones irracionales: lo opuesto a lo que uno aprende de los mercados en los cursos de economía. Al estimular el consumismo rampante, la industria también empuja al mundo al desastre, lo que es otro tema.

«Tanto Lippmann como Bernays dieron crédito a la Comisión Creel por demostrar el poder de la propaganda para ‘manufacturar consenso’ (Lippmann) y ‘construir consenso’ (Bernays). Este ‘nuevo arte en la práctica de la democracia’, explicaba Lippmann, podría usarse para mantener pasivos y obedientes a los ‘elementos ajenos ignorantes y entrometidos’ -el público en general-, mientras los autodesignados ‘hombres responsables’ atendían los asuntos importantes, libres del ‘pisoteo y el rugido de un rebaño enloquecido’. Bernays expresaba opiniones parecidas. No estaban solos.

«Lippmann y Bernays eran liberales al estilo Wilson-Roosevelt-Kennedy. La concepción de democracia que elaboraron está muy a tono con las concepciones liberales dominantes, entonces y ahora.

Las fábricas de consenso

«Y así continúa. En particular en las sociedades más libres, donde los medios de violencia del Estado han sido constreñidos por el activismo popular, es de gran importancia idear métodos para fabricar consenso, y asegurar que sean interiorizados al volverse tan invisibles como el aire que respiramos, sobre todo en los círculos de personas de cierta cultura. Imponer mitos de guerra es un rasgo regular de estas empresas.

«A menudo funciona de manera espectacular. En el mundo actual, según informes, una gran mayoría acepta la doctrina de que en Ucrania Rusia se defiende contra una embestida nazi reminiscente de la Segunda Guerra Mundial. Ucrania, de hecho, colaboró en la agresión alemana que por poco destruye a Rusia y causó bajas terribles.

«La propaganda es tan absurda como todos los mitos de guerra, pero, como otras, se basa en fragmentos de verdad, y al parecer ha tenido éxito en fabricar consenso. No podemos estar seguros del todo a causa de la rígida censura vigente, sello distintivo de la cultura política estadunidense desde hace tiempo: el ‘rebaño enloquecido’ debe ser protegido contra las ‘ideas equivocadas’. Conforme a ello, los estadunidenses deben ser ‘protegidos’ de propaganda que, según se nos dice, es tan ridícula que sólo personas a las que se ha lavado el cerebro podrían no reír de ellas. Según esta visión, para castigar a Vladimir Putin se debe evitar que cualquier material procedente de Rusia llegue a oídos estadunidenses. Eso comprende el trabajo de destacados periodistas y comentaristas políticos estadunidenses, como Chris Hedges, cuyo largo historial de valeroso periodismo incluye su servicio como jefe de la corresponsalía del New York Times en Medio Oriente y los Balcanes, y astutos y perceptivos comentarios de entonces a la fecha. Los estadunidenses deben ser protegidos de su influencia maligna, porque sus reportes aparecen en RT. Ahora han sido suprimidos.

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