Este viernes se cumplen 10 años de la muerte de Juan Gabriel, pero su música sigue formando parte de la vida cotidiana de millones de mexicanos y, en Cancún, permanece además el recuerdo de los años que el cantante pasó frente al Caribe.
Alberto Aguilera Valadez, conocido mundialmente como Juan Gabriel o El Divo de Juárez, murió el 28 de agosto de 2016, a los 66 años, en Santa Mónica, California, cuando se encontraba en plena gira MeXXIco es Todo.
Dos días antes había ofrecido el que sería su último concierto en The Forum de Inglewood, Los Ángeles, ante miles de personas. El domingo 28 tenía previsto continuar la gira con una presentación en El Paso, Texas, pero murió antes de llegar a esa cita. La causa de muerte fue un infarto agudo de miocardio.
La noticia tomó por sorpresa a sus seguidores. Durante las primeras horas incluso hubo quienes pensaron que se trataba de uno de los rumores falsos que anteriormente habían circulado sobre la supuesta muerte del cantante, hasta que su fallecimiento fue confirmado.
Cancún, uno de sus refugios
La historia de Juan Gabriel también quedó ligada a Cancún.
El cantante eligió este destino como uno de sus lugares de residencia durante la última etapa de su vida. Primero tuvo una propiedad en la zona hotelera y posteriormente adquirió un departamento con vista al mar Caribe.
Más tarde se instaló en una villa acondicionada para él en un complejo ubicado entre Cancún y Playa del Carmen. Ahí también contó con un estudio de grabación donde trabajó en parte de su música.
Su vínculo con la región fue más allá de tener una residencia. En los últimos años de su vida, Juan Gabriel convirtió el Caribe mexicano en un espacio de descanso y trabajo, lejos de los grandes escenarios que marcaron buena parte de su trayectoria.
Una carrera que trascendió generaciones
Nacido el 7 de enero de 1950 en Parácuaro, Michoacán, Alberto Aguilera comenzó una carrera que se extendería durante más de cuatro décadas.
Como compositor e intérprete dejó canciones que se volvieron parte de la memoria musical de México, entre ellas “Amor eterno”, “Querida”, “Hasta que te conocí”, “El Noa Noa”, “Abrázame muy fuerte”, “No tengo dinero” y “La diferencia”.
Su obra supera las mil 800 composiciones y sus canciones han sido interpretadas por numerosos artistas de México y otros países. Las estimaciones de ventas de su carrera superan los 150 millones de discos.
En 1990 se convirtió en uno de los primeros artistas populares en llevar su espectáculo al Palacio de Bellas Artes, un escenario que volvería a pisar posteriormente. Su trayectoria también fue reconocida internacionalmente por Billboard, que en 1999 lo distinguió como “Latin Legend” por su impacto en la música latina.
Pero más allá de los récords, Juan Gabriel consiguió algo que pocos artistas alcanzan: sus canciones fueron pasando de una generación a otra.
Hay quienes lo recuerdan desde los discos que sonaban en casa mientras sus padres realizaban las labores cotidianas; otros lo descubrieron en programas de televisión o en los conciertos que llenaba en México y Estados Unidos.
Por eso, una década después de su muerte, su ausencia sigue contrastando con la presencia de sus canciones.
Juan Gabriel murió hace diez años, pero su voz permanece. Y en Cancún, donde encontró uno de sus refugios durante los últimos años de su vida, también quedó parte de la historia de Alberto Aguilera Valadez, el artista que convirtió sus propias historias y las de millones de mexicanos en canciones.










