Jerusalén: impiden a líderes católicos entrar al Santo Sepulcro en Domingo de Ramos

Autoridades israelíes impidieron el acceso al Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa y al padre Francesco Ielpo, quienes se dirigían al lugar de manera privada durante el Domingo de Ramos. Ambos fueron detenidos en el camino y obligados a retirarse, lo que impidió —por primera vez en siglos— la celebración de esta misa en uno de los templos más sagrados del cristianismo.

El hecho ocurre en medio de estrictas restricciones de seguridad implementadas por Israel ante la tensión con Irán, luego de recientes ataques con misiles en zonas cercanas a sitios religiosos de la Ciudad Vieja.

Tras el incidente, Pizzaballa encabezó una oración por la paz en la Basílica de Getsemaní, en el Monte de los Olivos, mientras que el Patriarcado Latino denunció la acción policial como una medida “sin precedentes” y desproporcionada.

La reacción internacional no se hizo esperar. El canciller italiano Antonio Tajani calificó lo ocurrido como “inaceptable” y anunció que convocará al embajador israelí en Roma. A su postura se sumaron la primera ministra Giorgia Meloni y el presidente francés Emmanuel Macron.

Incluso el embajador estadounidense Mike Huckabee reconoció que la decisión es “difícil de entender”, aunque respaldó las medidas de seguridad ante el riesgo de ataques.

Desde Israel, el presidente Isaac Herzog expresó su pesar por lo ocurrido y lo atribuyó a la amenaza constante de misiles iraníes. En la misma línea, el primer ministro Benjamin Netanyahu aseguró que no hubo mala intención, sino una acción preventiva para proteger vidas, y adelantó que trabajan en un plan para permitir ceremonias religiosas en los próximos días.

Las autoridades israelíes justificaron el cierre de los sitios sagrados señalando la alta densidad de la Ciudad Vieja y las dificultades para responder ante una emergencia, lo que elevaría el riesgo de víctimas en caso de un ataque.

Pese a ello, la Iglesia católica mantiene su postura crítica y considera que impedir el acceso a sus máximos representantes en fechas tan significativas es una medida injustificada que ha encendido la indignación en el mundo cristiano.

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