El mundo del fútbol ha recibido un impacto que trasciende las canchas y se instala en la cruda realidad de la seguridad internacional, confirmándose que la Federación Portuguesa de Fútbol (FPF) evalúa seriamente cancelar su visita a México programada para el próximo 28 de marzo. A través de un comunicado emitido este 24 de febrero, el organismo lusitano expresó su profunda preocupación por la «delicada situación» que atraviesa el territorio mexicano tras el reciente operativo federal en el que fue abatido Nemesio Oseguera Cervantes, alias «El Mencho», líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Para la afición mexicana, que soñaba con ver a Cristiano Ronaldo pisar el césped del Coloso de Santa Úrsula, la noticia humaniza la fragilidad de un evento de tal magnitud, recordándonos que, ante el estruendo de la realidad nacional, el balón a veces debe detenerse por una prioridad absoluta: la vida y la seguridad de todos los involucrados.
Partido a la deriva
No estamos ante una simple duda administrativa; estamos ante una evaluación de riesgo de Estado. La FPF ha sido clara: la decisión final no solo depende de la voluntad deportiva, sino de las directrices que dicte el Gobierno de Portugal.
La fluidez con la que se venía organizando este choque de titanes se ha topado con un muro de protocolos de emergencia que ponen bajo la lupa la capacidad de México para albergar eventos de alto perfil en medio de una crisis de seguridad nacional.
La humanización de esta crisis deportiva reside en la responsabilidad que cargan los directivos europeos. Traer a una delegación que incluye a figuras como Bruno Fernandes, Bernardo Silva y, por supuesto, CR7, implica un blindaje que hoy parece difícil de garantizar al cien por ciento.
La FPF también espera la celebración de este encuentro, por su simbolismo e importancia en el ámbito de la preparación de la Selección Nacional, reconociendo el significado histórico del momento y el valor competitivo que representa.
Sin embargo, la evolución reciente de los acontecimientos requiere una evaluación continua de las condiciones asociadas al desplazamiento de la comitiva de la FPF.
En este contexto, las indicaciones del Gobierno portugués son fundamentales y determinantes para el seguimiento de la situación.
Cualquier decisión se tomará como resultado de un seguimiento permanente, en estrecha articulación con el Gobierno y en sintonía con la Federación Mexicana de Fútbol, entidad con la que la FPF mantiene excelentes relaciones institucionales y contactos regulares.
Laa seguridad de jugadores, cuerpo técnico, personal y aficionados constituye nuestra prioridad absoluta», reza el texto que ha puesto a trabajar a marchas forzadas a los despachos de la FMF en Toluca.
Se espera la solución del conflicto
La incertidumbre no solo afecta al partido del 28 de marzo, sino que lanza una sombra de duda sobre la imagen que México proyecta al mundo a escasos meses de la inauguración del Mundial, obligando a las autoridades a demostrar que la caída del Mencho no significará el desplome de las garantías para el deporte internacional.
Para dimensionar lo que está en juego, debemos mirar por el retrovisor de la accidentada relación entre la seguridad pública y el balompié en nuestro país.
En mis 15 años de trayectoria, he documentado cómo el fútbol ha intentado sobrevivir como una burbuja, pero la realidad siempre termina filtrándose por las rejillas de los estadios. Históricamente, operativos de gran escala contra líderes criminales han derivado en la suspensión de partidos de liga, pero nunca habíamos estado ante la posible cancelación de un duelo de esta jerarquía internacional debido a un operativo de seguridad nacional como el que terminó con el Mencho.
La frescura de la preparación mundialista se ha visto empañada por el «Código Rojo» que se activó en Jalisco y se extendió de forma preventiva a la capital. El antecedente de 1986, donde el Mundial se realizó tras un terremoto, nos habla de resiliencia, pero el desafío actual es distinto: es una crisis de percepción global. Portugal, una nación que valora la paz social, mira con lupa los narcobloqueos y los enfrentamientos, humanizando una preocupación que ya no solo es deportiva, sino existencial.
La fluidez de nuestra vida cotidiana se detiene ante el estruendo de los fusiles, y hoy, el fútbol portugués nos pone frente al espejo de nuestra propia vulnerabilidad.
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