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Brujería en panteones de Chetumal; hasta 5 casos al mes

Según narran los veladores de estos lugares, han visto personas extrañas que hacen sus rituales sobre tumbas, arrojan cosas por la barda o dejan “trabajos” en la puerta.

Los cementerios son sitios de paz y tranquilidad donde reposan los cuerpos de nuestros queridos difuntos, pero también son lugares tétricos, oscuros y solitarios, esta característica los convierten en terreno de actividades para personas que creen en las artes oscuras como chamanes, curanderos, nahuales y hechiceros, que acuden para hacer rituales de brujería con distintos fines, y los camposantos de Chetumal no son la excepción.

Al mes se registran hasta cinco casos de gente involucrada en estas prácticas, según lo que narran los veladores de estos lugares, quienes se percatan de personas extrañas que hacen sus rituales sobre tumbas, arrojan cosas por la barda o dejan “trabajos” en la puerta.

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Trabajadores de estos lugares relatan que en estas «brujerías» se emplean todo tipo de objetos, como veladoras, cuchillos, sangre, prendas, fotografías, plumas, listones, joyas, tierra, monedas, comida, entre muchos otros; incluso han visto animales muertos o los huesos de estos.

Don Miguel Ángel Domínguez Morales es cuidador voluntario del Panteón Municipal de Chetumal, durante 15 años ha limpiado los sepulcros a cambio de algunas monedas, él cuenta que es común que gente abandone entre las lápidas pomos de café, que en su interior resguardan la fotografía de un hombre o una mujer, traspasada por alfileres, amarradas con listones negros que son enrollados en bultos que asemejan órganos sexuales, todo esto remojado en alcohol o licor.

En la entrada del lugar, algunos días puedes encontrar bolsas con nueve velas, nueve tamales, nueve huevos. También, sobre la barda avientan pequeños bultos con polvos y tierra que contienen en su interior monedas, siempre en números nones: 3, 7, 9, 11, ó 13 pesos. La cantidad más alta que encontró fue uno de 33 pesos.

“Los 33 pesos sí me los agarré porque me hacían falta para desayunar, como ya me enseñaron la ‘contra’ no  tuve miedo, agarras un vaso y le echas sal y enjuagas, pero no lo metas en tu bolsa, pides permiso para usarlo y haces una pequeña oración”, expresó.

“Yo nunca he visto nada raro, pero esa vez yo estaba limpiando en un extremo del panteón cuando sentí que me tiraron tierra, no mucha, fue algo leve; pensé que alguien me estaba molestando, pero seguí mi trabajo. En eso siento que me arrojaron un chorrito de agua helada, en ese momento se erizó mi cuerpo, yo seguía pensando que era algún compañero, pero no encontré a nadie, mejor me vine a la capilla a descansar, y ahí, cuando dormitaba, me jalaron el pie. Me dijeron que quizá un espíritu me estuvo siguiendo. Por eso opté por retirarme ese día”, platicó.

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Estos actos también suceden en el cementerio Campos del Recuerdo de esta ciudad capital. Miguel Enrique es uno de los encargados del panteón, recorre los pasillos entre las tumbas desde hace ocho años.

Él nos relató que en una ocasión, a temprana hora, vio entrar a dos hombres vestidos enteramente de blanco, acompañando a otro de la tercera edad, en sus manos cargaban una pequeña caja que asemejaba un ataúd.

Estos se movieron hasta uno de los puntos más lejanos del panteón, y ahí acostaron al anciano sobre una tumba, este comportamiento le alertó, por lo que junto a unos compañeros acudieron a cuestionar los motivos de su presencia, pero los sujetos de blanco se alejaron evadiéndolos, para salir del sitio, abandonando al adulto mayor.

“Acudimos a auxiliar al señor y al preguntarle sobre lo que estaban haciendo con él, nos dijo que le estaban haciendo una curación, por eso le reclamé que este no es un hospital, es un cementerio, aquí lo van a traer cuando ya no tenga nada que curar”, relató.

Junto a la tumba en la que hacía su ritual, escarbaron y encontraron la cajita, esta contenía en su interior un muñeco hecho con huesos.

En otra ocasión, una mujer llegó con unas bolsas, y les dijo que traía basura para dejar dentro del lugar.

En el interior de las bolsas había unas gallinas negras muertas, por lo que se negaron a que dejara sus desechos en el camposanto, entonces subió al vehículo en el que llegó, para bajar, ahora con otras dos gallinas negras, esta vez vivas, las soltó en la entrada y los animales se metieron al interior del cementerio.

En estas fechas de Día de Muertos suelen aumentar estas extrañaa y tenebrosas actividades, pues existe la creencia de que son más «efectivas» en estos días de los fieles difuntos.

Con información de DRV NOTICIAS

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