Nacional

Colocan cámaras en muro de Trump; documentarán impacto en especies protegidas

La construcción del muro de Donald Trump avanza a toda velocidad a pesar de la pandemia de Covid-19

La construcción del muro de Donald Trump avanza a toda velocidad a pesar de la pandemia de Covid-19, fragmentando corredores biológicos de especies en peligro de extinción y explotando reservas de agua esenciales para la vida en la frontera de Estados Unidos y México.

A pesar de que las hojas de acero reforzadas con grava y cemento de más de nueve metros de altura se levantan sobre el Desierto de Sonora en los límites de la Reserva de la Biosfera El Pinacate y Gran Desierto de Altar y las Islas del Cielo en la Reserva Forestal Ajos-Bavispe, de lado mexicano, no hay ninguna resistencia por parte de la Semarnat o la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), que guardan silencio.

Desde febrero, el titular de la Conanp, Roberto Aviña Carlín, aseguró a Excélsior que el Gobierno de México estaba negociando con la administración Trump la construcción de pasos de fauna para evitar mayores impactos en la evolución y migración de fauna protegida como el jaguar, berrendo sonorense y el borrego cimarrón.

Lo cierto es que hasta el momento no hay nada y el remplazo de las llamadas vallas de Normandía en forma de X, que permitían el libre tránsito de los animales, por el nuevo muro de Trump, continúa sin descanso en la región de Sonoyta, Caborca, Agua Prieta y Naco, en Sonora, lo que tiene severos impactos sobre hábitats críticos, que durante muchos años se lograron preservar con inversión y acciones bilaterales.

Ante la presión de grupos ambientalistas de Estados Unidos, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés), anunció que hará pequeñas aberturas de 8.5 pulgadas por 11 pulgadas (22 cm X 28 cm) en el muro para permitir que la fauna cruce de un lado a otro de la frontera, lo que lógicamente no es suficiente.

Juan Carlos Bravo, director del Programa México de Wildlands Network, comentó que en estos momentos se encuentran haciendo un inventario de los sitios prioritarios, donde definitivamente se requiere eliminar secciones de muro para asegurar el paso de los animales.

«No hemos tomado todavía ninguna acción decisiva, en realidad estamos esperando la elección federal en Estados Unidos, cruzando los dedos para que haya un cambio de administración que pinte mejor para el muro fronterizo», indicó.

CÁMARAS

Mientras tanto, las organizaciones Wildlands Network y The Sky Island Alliance en colaboración con la Universidad de Arizona y la Universidad Autónoma de México (UNAM), instalan más de 120 cámaras foto-trampa a lo largo de la frontera, para documentar científicamente los efectos del nuevo muro de Trump y la carretera federal 2, que divide a México de Estados Unidos.

Las primeras víctimas fatales de la valla de acero, que comenzó su construcción el 22 de agosto de 2019, fueron los Sahuaros, cactus gigantes de cientos de años, que fueron arrancados y arrojados a un lado del camino por las cuadrillas de trabajadores.

Juan Carlos Bravo, director del Programa México de Wildlands Network, comentó que en estos momentos se encuentran haciendo un inventario de los sitios prioritarios, donde definitivamente se requiere eliminar secciones de muro para asegurar el paso de los animales.

«No hemos tomado todavía ninguna acción decisiva, en realidad estamos esperando la elección federal en Estados Unidos, cruzando los dedos para que haya un cambio de administración que pinte mejor para el muro fronterizo», indicó.

CÁMARAS

Mientras tanto, las organizaciones Wildlands Network y The Sky Island Alliance en colaboración con la Universidad de Arizona y la Universidad Autónoma de México (UNAM), instalan más de 120 cámaras foto-trampa a lo largo de la frontera, para documentar científicamente los efectos del nuevo muro de Trump y la carretera federal 2, que divide a México de Estados Unidos.

Las primeras víctimas fatales de la valla de acero, que comenzó su construcción el 22 de agosto de 2019, fueron los Sahuaros, cactus gigantes de cientos de años, que fueron arrancados y arrojados a un lado del camino por las cuadrillas de trabajadores.

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